La posición de España ante la guerra de Irán no surgió de la nada. Tiene un antecedente directo en la respuesta española al conflicto de Gaza, que llevó al Gobierno de Sánchez a ser uno de los primeros países europeos en reconocer el Estado palestino y en criticar públicamente la acción militar israelí. Cuando los ataques americanos e israelíes contra Irán comenzaron el 28 de febrero de 2026, España ya tenía construida una narrativa de política exterior basada en la defensa del derecho internacional, el apoyo a la solución de dos estados en Oriente Medio y el rechazo de la acción militar unilateral.
La aplicación consistente de esa narrativa llevó a tres decisiones que sacudieron la diplomacia española e internacional. La primera fue negar las bases militares de Rota y Morón para operaciones ofensivas contra Irán. La segunda fue la retirada del embajador español de Israel el 11 de marzo, citando la «escalada del conflicto». La tercera fue la negativa a aumentar el gasto en defensa al 5% que exige Trump, argumentando que el objetivo del 2% de la OTAN es el nivel adecuado.
La protesta ciudadana: la mayor desde el No a la guerra de 2003
El 14 de marzo de 2026, 150 protestas simultáneas se celebraron en distintas ciudades españolas contra la guerra en Oriente Próximo. La movilización fue amplia, variopinta y multitudinaria en las grandes ciudades. En Madrid, la manifestación central congregó a decenas de miles de personas. Los convocantes incluyeron organizaciones pacifistas, partidos de izquierda, colectivos de solidaridad con Palestina y grupos religiosos. En paralelo, 200 personalidades de la cultura firmaron un manifiesto contra los ataques a Irán. La Embajada de Estados Unidos en Madrid pidió a sus ciudadanos que evitaran las concentraciones.
Los analistas de política española señalan que la dimensión de las protestas tiene un componente genuino de oposición ciudadana a la guerra y un componente de movilización política organizada por los socios de gobierno de Sánchez —especialmente Sumar, que lidera parte de la coalición y que tiene en la oposición a la guerra uno de sus ejes identitarios principales. Separar ambos componentes es difícil, pero el tamaño de la movilización sugiere que hay algo más que política de partido detrás de las manifestaciones.
España ante la guerra de Irán · Posición y consecuencias
- 28 feb. 2026: inicio de la guerra · España condena los ataques como «acción unilateral»
- 2 marzo: España niega bases de Rota y Morón para operaciones ofensivas
- 11 marzo: España retira a su embajador de Israel
- 14 marzo: 150 protestas en toda España contra la guerra · 200 personalidades de la cultura firman manifiesto
- Fricción con aliados: posición española contrasta con la de Francia, Alemania e Italia (apoyo defensivo limitado)
- Apoyo ciudadano interno: amplio según encuestas · entre el 60-70% rechaza participación militar española
La posición española dentro de Europa: ¿coherencia o aislamiento?
Dentro del marco europeo, la posición de España es la más alejada del eje atlantista. Francia, Alemania e Italia, aunque con matices, han ofrecido cierto apoyo defensivo a las operaciones americanas, sin llegar a participar directamente. El Reino Unido ha ido más lejos. España es el país que ha dicho el no más claro y más público, lo que ha generado incomodidad diplomática incluso entre sus socios comunitarios que comparten la crítica al conflicto pero que no quieren deteriorar su relación con Washington de la misma forma.
Sánchez defiende la coherencia de la posición española: si las acciones militares violan el derecho internacional, España no puede ser cómplice de ellas, independientemente de quién las realice. Sus críticos —dentro y fuera de España— argumentan que la política exterior no puede ser solo principista, que España tiene obligaciones de alianza que no puede ignorar selectivamente, y que el coste del aislamiento diplomático con el socio más poderoso del mundo puede ser muy alto a largo plazo. El convenio renovado sobre las bases de Rota y Morón sugiere que las partes han encontrado un equilibrio frágil para no escalar más el conflicto bilateral, pero la tensión de fondo permanece.
Compartir este artículo



