España es, por cualquier métrica que se use, una de las potencias turísticas más importantes del mundo. El año 2025 batió todos los récords: 37,9 millones de turistas solo en Andalucía, una cifra que coloca a esa comunidad como uno de los destinos más visitados de Europa. A nivel nacional, el sector turístico mueve el 17% del PIB español y genera empleos directos e indirectos para millones de personas. Estas son las cifras que aparecen en los titulares y en los discursos gubernamentales cuando se habla del turismo como motor económico de España.
Pero hay otras cifras, menos citadas en los comunicados institucionales, que cuentan una historia diferente. En Baleares, el archipiélago que mejor ilustra la dependencia turística extrema, el turismo genera el 45% del PIB regional. Y al mismo tiempo, más del 35% de la población balear está en riesgo de pobreza y exclusión social, con tasas de desempleo del 20%. Es la paradoja central del modelo turístico español: genera riqueza agregada que enriquece al país en las estadísticas macroeconómicas, pero esa riqueza no se distribuye de forma que beneficie a las poblaciones locales de los destinos más masificados.
El mecanismo de la expulsión
El proceso por el cual el turismo masivo puede empobrecer a las poblaciones locales, contraintuitivamente, funciona a través de varios mecanismos bien documentados. El primero es el inmobiliario: el turismo eleva el precio del suelo y de la vivienda en las zonas más visitadas, haciendo inaccesible la vivienda para quienes trabajan en el sector servicios turístico con salarios medios y bajos. El trabajador de hotel o de restaurante que sostiene la industria turística puede verse incapaz de pagar el alquiler en la misma ciudad donde trabaja.
El segundo mecanismo es el laboral: el turismo masivo tiende a generar empleo de baja cualificación, estacional y mal pagado. Los trabajos bien remunerados en el sector —gestión hotelera, marketing turístico, tecnología— son minoría. La mayor parte del empleo turístico es de limpieza, hostelería y comercio, sectores con alta temporalidad, bajos salarios y escasa capacidad de ahorro. El tercer mecanismo es el de los servicios: la comercialización turística de los centros urbanos desplaza el comercio de proximidad orientado a los residentes, encarece la restauración y convierte los barrios históricos en parques temáticos para visitantes, vaciándolos de vida cotidiana local.
La paradoja del turismo español · Datos 2025–2026
- Turistas en Andalucía 2025: 37,9 millones · récord histórico
- Contribución turismo al PIB español: 17%
- Baleares: turismo = 45% del PIB · pobreza y exclusión = 35% de la población
- Málaga, Madrid y Barcelona: ciudades con mayor concentración de pisos turísticos
- Pisos turísticos en España: estimados en más de 340.000 en 2026
- Tribunal Supremo mayo 2026: tumbó parte del decreto de pisos turísticos que exigía número único de registro
La sentencia del Tribunal Supremo y la batalla regulatoria
En mayo de 2026, el Tribunal Supremo tumbó parte del Real Decreto de diciembre de 2024 que obligaba a los dueños de pisos turísticos a obtener un número único del Registro de la Propiedad para poder anunciarse en plataformas como Airbnb o Booking. La sentencia es significativa porque elimina un mecanismo de control que el Gobierno había diseñado para mejorar la trazabilidad de la oferta turística ilegal. Con la sentencia, parte de esa oferta queda nuevamente en un limbo regulatorio.
La batalla entre los ayuntamientos que quieren limitar el turismo masivo y las plataformas y propietarios que quieren preservar su libertad para alquilar es una de las tensiones más persistentes de la política española de los últimos años, y no tiene solución sencilla. Las ciudades más afectadas —Barcelona, Madrid, Palma, Sevilla— tienen competencias limitadas para regular un sector que opera en plataformas globales que a menudo eluden los controles locales.
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